
En sus ojos había una compleja mezcla de sentimientos: alegría, tristeza, miedo, esperanza, ternura y sobre todo, un brillo sin igual...
"Me gustan las mujeres"...
Fue la frase que me dejó atontada el domingo... Lo reconozco... Me sorprendí...
Sin embargo, un viento de alivio, sopló levemente mi rostro... Esa calma esbozó en mis labios una amplia sonrisa...
Ella esperaba ansiosa mi opinión... Solo atiné a decirle: "Sabes lo que pienso acerca de la homosexualidad. Mis ideas hacia vos no van a cambiar"...
Y no recuerdo si se lo dije, pero, mi cariño, tampoco...
Sin duda, la verdad libera... En ese momento, ella rompió las cadenas que la sujetaban y se elevó hasta las nubes...
Se sintió en el cielo... Hasta allá la acompañé...
Como me habían dicho una vez: Hay tener "ovarios" para asumir ciertas cuestiones... Los suyos, eran "enormes"... Lo eran, pues asumir su homosexualidad en este país donde reina la hipocrecía, indudablemente, era proeza de unos pocos...
Ella lo había conseguido...
¡Sos valiente amiga!
El hecho de que me confesara ser lesbiana, solo demuestra la importancia de nuestra amistad y serlo, no cambia su esencia, menos ahora que sé, que le valen las apariencias...
¡¡¡Te quiero amiga!!!







